Es el tumor maligno más frecuente del aparato genital femenino. Se origina en el endometrio, el revestimiento interno del útero, y afecta principalmente a mujeres posmenopáusicas, aunque también puede presentarse en pacientes más jóvenes con obesidad, diabetes o antecedentes genéticos.
El síntoma más común es el sangrado vaginal anormal después de la menopausia o entre periodos. También puede aparecer flujo con olor o color inusual, dolor durante las relaciones, dolor pélvico persistente o, en etapas avanzadas, pérdida de peso y fatiga.
En etapas tempranas, la cirugía es el tratamiento principal. Puede realizarse por laparoscopia (mínimamente invasiva) o laparotomía según la complejidad. El procedimiento estándar incluye histerectomía total con salpingooforectomía bilateral y, cuando se requiere, linfadenectomía pélvica/paraaórtica o biopsia de ganglio centinela para evaluar la diseminación.
La detección temprana ofrece tasas de curación superiores al 90%. Dependiendo del estadio, se complementa con radioterapia, quimioterapia u hormonoterapia. Insisto en evaluar cualquier sangrado posmenopáusico con ecografías o biopsias para actuar de forma oportuna y mantenerte bajo seguimiento oncológico estrecho.
En etapas localizadas, la tasa de curación supera el 90%. Después de la cirugía, se somete a vigilancia estrecha con revisiones periódicas, estudios de imagen y, si es necesario, terapias complementarias como radioterapia, quimioterapia u hormonoterapia.
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