El cáncer de ovario surge cuando células anormales en los ovarios crecen de forma descontrolada, multiplicándose rápidamente e invadiendo tejidos sanos cercanos o distantes (metástasis). El sistema reproductor femenino incluye dos ovarios, ubicados uno a cada lado del útero. Cada ovario tiene aproximadamente el tamaño de una almendra y cumple funciones clave: producir óvulos (ovocitos) y hormonas sexuales femeninas como estrógenos y progesterona.
Es uno de los cánceres ginecológicos más agresivos, a menudo diagnosticado en etapas avanzadas debido a síntomas inespecíficos. El tratamiento principal combina cirugía y quimioterapia, pudiendo incluir terapias dirigidas o inmunoterapia según el perfil molecular.
Los síntomas suelen ser vagos y aparecer en fases avanzadas, por lo que cualquier persistencia debe evaluarse. Los más comunes incluyen hinchazón o distensión abdominal persistente, sensación de saciedad rápida al comer o pérdida de apetito, pérdida de peso involuntaria, dolor o molestia en la zona pélvica, fatiga crónica, dolor lumbar bajo, alteraciones intestinales como estreñimiento o diarrea, y necesidad urgente o frecuente de orinar.
El tipo más común es el epitelial (~90% de los casos), que se origina en las células que cubren la superficie del ovario. Los subtipos principales incluyen el seroso de alto grado (el más agresivo), mucinoso, endometrioide y de células claras.
Los tumores estromales son poco frecuentes (~5-10%) y surgen de las células que producen hormonas. Suelen diagnosticarse en etapas tempranas y tienen mejor pronóstico.
Los tumores de células germinales son raros (~2-3%) y se originan en las células productoras de óvulos. Afectan principalmente a mujeres jóvenes y adolescentes, con buen pronóstico si se detectan pronto.
La cirugía es fundamental para el estadiaje y tratamiento. La cirugía citorreductora primaria es radical y puede realizarse por laparoscopia (mínimamente invasiva) o laparotomía (abierta). Incluye histerectomía total, salpingo-ooforectomía bilateral, omentectomía, linfadenectomía y resección de implantes visibles para dejar enfermedad residual mínima.
La cirugía de intervalo se realiza tras quimioterapia neoadyuvante (para reducir el tumor en casos avanzados), seguida de más quimioterapia. La peritonectomía implica la extirpación de áreas del peritoneo afectadas, común en cirugías de citorreducción óptima en enfermedad diseminada.
En casos tempranos y mujeres jóvenes con deseo de fertilidad, se considera cirugía conservadora (preservando útero y ovario sano), aunque es excepcional.
El pronóstico mejora con diagnóstico precoz y citorreducción completa. Factores de riesgo incluyen edad, historia familiar (mutaciones BRCA1/2), nuliparidad y obesidad. Consulte a un oncólogo ginecológico para evaluación personalizada, pruebas genéticas y seguimiento.
Los principales factores de riesgo incluyen:
Si tiene antecedentes familiares, consulte sobre pruebas genéticas y seguimiento preventivo.
El diagnóstico se realiza mediante una combinación de:
El diagnóstico temprano es crucial para mejorar el pronóstico. Ante síntomas persistentes, es importante consultar a un Oncólogo Ginecológico.
El pronóstico depende del estadio (es decir, de la extensión y diseminación del tumor en el cuerpo) al momento del diagnóstico, el tipo de tumor y la respuesta al tratamiento. Los cánceres detectados en etapas tempranas (I-II) tienen tasas de supervivencia a 5 años superiores al 70-90%. En etapas avanzadas (III-IV), la supervivencia disminuye, pero los tratamientos modernos con cirugía citorreductora óptima y quimioterapia han mejorado significativamente los resultados. La citorreducción completa (sin enfermedad residual) es el factor pronóstico más importante. El seguimiento regular y las terapias de mantenimiento pueden prolongar la supervivencia libre de enfermedad.
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